La toxina botulínica se inyecta en los músculos del rostro a través de inyecciones intramusculares que provocan la relajación temporal del músculo. De esta manera, la toxina hace que desaparezcan las líneas de expresión de nuestra frente, cejas o en los laterales de los ojos ofreciendo una piel tensa y sin arrugas.
El efecto de este tratamiento suele durar aproximadamente unos 6 meses, transcurrido este periodo podremos volver a realizar una nueva sesión para evitar que desaparezca de forma completa el efecto. Los resultados del tratamiento se comienzan a ver entre el tercer y quinto día desde que se realizó el tratamiento y pasados dos semanas desde la intervención, se puede observar de manera evidente el rejuvenecimiento de la piel y de la expresión facial mucho más relajada en la persona tratada.